By Tiffany Rodriguez “Una práctica preprofessional en Santiago de Compostela”

During a one-month learning experience in Santiago de Compostela, I completed clinical observations at HM Rosaleda Hospital and HM La Esperanza Hospital, working closely with nursing staff and observing daily hospital routines. This experience allowed me to participate in patient interviews, observe surgeries, assist with patient transport, and practice essential clinical skills such as taking vital signs and drawing blood. Through these activities, I developed both technical competencies and communication skills while working in a Spanish-speaking medical environment. Moments such as helping anxious patients after surgery and navigating communication with a patient who spoke a mix of Spanish and Galician reinforced how important empathy, patience, and thoughtful communication are in healthcare.

The experience also offered insight into cultural differences between the Spanish and U.S. healthcare systems, particularly the emphasis placed on personal connection with patients. Through this international clinical exposure, I gained greater confidence, developed a stronger awareness of cultural differences, and learned how to integrate efficiency with empathetic, patient-centered care in my future practice.

“Una práctica preprofessional en Santiago de Compostela”

Durante el mes que pasé en Santiago de Compostela, tuve la oportunidad de realizar una experiencia de aprendizaje en dos hospitales privados: Hospital HM Rosaleda y Hospital HM La Esperanza. Colaboré principalmente con el personal de enfermería por dos semanas en cada institución, observando sus rutinas, apoyando en tareas clínicas y aprendiendo sobre el sistema sanitario español.

Mi papel consistió en asistir a las enfermeras, observar cirugías en el quirófano, acompañar el transporte de pacientes, y participar en entrevistas iniciales donde se recogía información sobre antecedentes médicos y síntomas actuales. Además, practiqué vocabulario médico en un contexto real, observé procesos clínicos y administrativos, y mejoré mi competencia comunicativa en español.

Uno de los momentos más significativos para mí ocurrió durante una entrevista inicial con una paciente gallega de 60 años. Ella tenía dificultades para expresarse en español y usaba palabras en gallego que yo no entendía. Sentí una presión inmediata y mi corazón latía más rápido mientras intentaba comprender su mensaje. Observé cómo la enfermera asentía y repetía las preguntas de manera sencilla para guiarla. Inspirada por su paciencia, respiré profundo y comencé a repetir sus técnicas de hablar despacio y confirmar la información con frases simples. Ese instante me enseñó que la empatía y la atención activa superan la barrera del idioma, y que la comunicación efectiva se basa en la disposición de escuchar y conectar.

En el ámbito de la práctica clínica, desarrollé competencias esenciales como extraer sangre, insertar vías intravenosas y tomar signos vitales. Recuerdo claramente un día en el quirófano, cuando un anestesista estaba intubando a un paciente antes de una cirugía. El equipo trabajaba de manera sincronizada. Mientras uno preparaba los medicamentos, otro controlaba los signos vitales. Me impresionó cómo cada movimiento tenía un propósito claro y cómo la coordinación reducía riesgos. Esta observación me mostró que la excelencia médica depende tanto de la precisión técnica como de la colaboración constante, algo que aplicaré en mi futura práctica profesional al priorizar la comunicación en cada procedimiento.

Antes de esta experiencia, solía sentir inseguridad al interactuar con pacientes de diferentes contextos culturales y edades. He aprendido a ser más paciente y a adaptarme rápidamente. Descubrí que la humildad es clave para seguir mejorando. Mis creencias sobre la atención médica se transformaron. Comprendí que la eficiencia no debe sacrificar la conexión con el paciente.

Durante el traslado de pacientes desde el quirófano a sus habitaciones, aseguraba que los signos vitales estuvieran estables y acompañaba a los enfermeros. En una ocasión, ayudé a transportar a una paciente tras una cirugía de rodilla. Sentí su nerviosismo mientras se apoyaba en mí y escuchaba sus respiraciones entrecortadas. Mi simple acompañamiento y atención calmada le dio confianza, y pude notar cómo se relajaba y sonreía antes de llegar a su habitación. Esaexperiencia me enseñó que incluso acciones aparentemente pequeñas pueden reducir la ansiedad del paciente y mejorar su bienestar.

El aprendizaje intercultural también fue significativo. Los enfermeros y médicos españoles mostraron gran curiosidad sobre cómo funcionaba el sistema de salud estadounidense. Me preguntaban cómo se manejan los seguros médicos y la administración de medicamentos. Me sorprendió descubrir que ellos valoraban la cercanía con los pacientes más que la rigidez administrativa. Esta interacción me hizo reflexionar sobre cómo los sistemas de salud reflejan valores culturales, y cómo podemos aprender de otros países para mejorar nuestra práctica profesional.

La lección más profunda que extraje de mi experiencia es que la atención médica combina la habilidad técnica, la humanidad y la sensibilidad social. Un momento de crisis que me marcó fue cuando tuve que tomar la presión arterial manual de un paciente postquirúrgico que estaba inquieto y dolorido. Me sentí paralizada y dudé de mis habilidades. Sin embargo, con la guía de la enfermera, logré realizar la toma de manera correcta y calmar al paciente. Reflexionando después, comprendí que los errores pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje.

Esta experiencia también me permitió conectar con problemas sociales más amplios, como la equidad en el acceso a la salud y la comunicación intercultural en medicina. Observé cómo el sistema español, más cercano y accesible, ofrecía una experiencia más humanizada al paciente, mientras que en Estados Unidos se prioriza la eficiencia administrativa sobre la interacción personal. Esta reflexión me motiva a buscar siempre un equilibrio entre eficiencia y cuidado humano en mi futura práctica profesional.

Lo que viví en Santiago me ha motivado a incorporar la empatía, la comunicación intercultural y la colaboración en mi futura carrera. Planeo aplicar lo aprendido al adaptar mi lenguaje médico a diferentes pacientes, observar cuidadosamente las reacciones de los pacientes y colaborar activamente con el equipo de salud para mejorar la atención integral. Además, creo que otros estudiantes y profesionales deberían participar en programas de aprendizaje internacionales, ya que estas experiencias fomentan habilidades técnicas y culturales que no se reciben en aulas tradicionales.

Mi estancia en los hospitales HM Rosaleda y HM La Esperanza transformó profundamente mi forma de ver la medicina. Desde la paciente gallega que me enseñó la importancia de la empatía, hasta los procedimientos del quirófano que me demostraron la coordinación perfecta del equipo médico, cada experiencia me enseñó algo valioso.

Pasé de ser una estudiante insegura a una profesional más confiada, adaptable y consciente del impacto social de mi trabajo. Esta experiencia me confirmó que la buena atención médica depende de la técnica y el trato humano, y que juntos permiten ofrecer un cuidado de calidad y respetuoso. Mi paso por Santiago de Compostela no solo enriqueció mis competencias

profesionales, sino que también moldeó mi visión sobre la medicina empática y colaborativa que quiero practicar en el futuro.

Biographical Statement - Tiffany Rodriguez

I am a first-generation senior at the University of Massachusetts Lowell majoring in nursing. My family is originally from Guatemala and speaking Spanish at home has played an important role in shaping my identity and my interest in serving diverse communities. I enjoy traveling and experiencing new cultures, which has broadened my perspective on healthcare and communication across different backgrounds. In the future, I hope to become a pediatric nurse and work closely with children and their families during important moments in their care.